En la Revolución Industrial tuvo un papel relevante la organización del trabajo, entre otras cosas, aparte de la máquina de vapor, el uso del carbón, la producción sostenida, el paso de lo agrario a lo fabril, etc, y comentamos en clase que no es lo mismo una granja con 5 o 6 gallinas, que una granja avícola especializada. Os reísteis cuando comenté que unos científicos israelíes habían conseguido un pollo sin plumas, a la manera de esos pollos de broma del «Bazar J», la tienda de bromas de Pamplona. Pues bien, resulta que el «invento» en cuestión permite meter más pollos en un mínimo espacio, y además gastar menos en aire acondicionado ya que los pollos no sudan. Por supuesto esto significaría abaratar el precio de la carne de pollo. ¿Dónde está el límite moral de esto?¿Es lícito poder ir contra natura en este sentido? ¿Todo vale con tal de ganar dinero? La cuestión es que el pollo es el de la foto, y estéticamente deja un poco que desear. La carne será igual de buena, pero es cierto «que no entra por los ojos», ¿no? Bueno, aquí lo podéis ver, para que no me digáis que me invento cosas. Un saludo y buen finde. Luis.