El paso que se da de la economía agrícola al sistema fabril en la Inglaterra entre 1780 y 1850 (más o menos) se conoce como Revolución Industrial. Las «actas de cercamiento», que obligan a muchos campesinos a ganarse un jornal trabajando para otros, la pérdida del derecho a usar los «open fields», el arado Rotherham, el carbón, el hierro, el éxodo a la ciudad en busca de trabajo, la pérdida de muchos puestos artesanales, los nuevos inventos como la lanzadera volante,

la máquina de vapor, la locomotora,

la organización del trabajo, la producción sostenida, las condiciones laborales mediocres,

incluso la explotación de mujeres y niños, la confirmación de una clase incipiente con cada vez más poder (la burguesía), el deseo de ganar dinero, la oferta y la demanda, el liberalismo económico, y la mejora en las condiciones higiénicas, entre otras cosas, hizo de este período una etapa importante para el desarrollo de las naciones, sobre todo para aquellos países que introducen mejoras (como Inglaterra) o los que se dejan seducir por esos avances (Holanda, Francia, etc.). Como consecuencia de todo ello se abre un mundo de avances tecnológicos, logros en el mundo laboral, acceso de la mujer al mercado laboral (aunque aún muy infravalorada en esa época), avances médicos, etc.

Todo ello desembocará a su vez en un mundo capitalista, ávido de poder, en busca de más beneficios, que empezará a fabricar armas más complejas y mortíferas. Se entrará, por tanto, un mundo más complejo, el de la mitad del siglo XIX y el siglo XX. Cosas buenas y cosas malas, como siempre. Saludos, Luis.