
La clase de hoy la hemos comenzado tratando el tema del absolutismo. Lo primero de todo hemos repasado un poco lo dado el otro día sobre la dinastía de los Austrias (hemos dicho que Felipe IV y Carlos II fueron los últimos reyes de la dinastía), y también de la dinastía de los Borbones, cuyo sucesor último, Juan Carlos I, es el rey en este momento. Y sobre el tema de las riquezas que posee ahora mismo la familia real, ha surgido un debate. Este ha consistido en dar nuestra opinión con respecto a la familia real. En algunos puntos se ha hablado además del boato que rodea a la familia aún en tiempos de crisis. En cualquier caso , son opiniones de compañeros que hay que respetar.
Volviendo al tema del absolutismo, hemos comentado que consistía en que el Rey asumía todos los poderes, aunque se rodeaba por un Consejo de Estado que le proporcionaba toda la ayuda necesaria. A pesar de todas las personas que lo rodeaban, el rey tomaba las decisiones a su gusto.
En un régimen absolutista, lo que hacía el Rey era, de alguna manera, no dejar pensar al pueblo, no dejarles opinar para poder ejercer su voluntad sin problemas. Aunque hubo ciudadanos que intentaron sublevarse, no lo consiguieron, ya que la represión era muy fuerte. En Inglaterra el poder del rey no era tan absoluto, ya que existía un Parlamento que estaba al servicio del rey pero también escuchaba la voz del pueblo. Francia y España tardaron más tiempo en incorporar esta institución en su régimen.
Fue la Revolución Francesa el suceso que puso fin al absolutismo: el pueblo se sublevó contra la monarquía y consiguieron acabar con este régimen, por eso se habla de una nueva etapa en la Historia.
Luis XIV, el Rey Sol, lució tacones para disimular su corta estatura…No sólo siguió las tendencias de la moda, sino que dada su enorme influencia, impuso algunas de sus costumbres en el vestir: enormes pelucas de pelo natural, mangas adornadas de ricos encajes venecianos y sus famosos zapatos de tacón alto. Zapatos exquisitos y únicos elaborados siempre por su zapatero personal, el francés Nicholas Lestage. Un artesano al que dio precisas instrucciones: refinados, aunque adornados con vistosos lazos, brocados y piedras preciosas; suelas de color rojo; tacones con una pequeña curvatura; bordados en plata con escenas de batallas… Todo un derroche de imaginación y sofisticación. Hasta tal punto el Rey era fanático de sus nuevos zapatos que -en parte, para hacer constatar su supremacía- prohibió llevar el exclusivo modelo al resto de la corte y aquel que le desobedeciera sería castigado con la pena de muerte.